POR JUAN FERRER ALPERA, EDITOR DE SECTOR DEL JUEGO
No me canso de repetirlo. El empresariado del juego no ha sacado pecho de lo que hace y produce. De lo que aporta al bien común y de lo que invierte en acciones preventivas, en controles, en dotar a sus negocios de una transparencia cada vez mayor. Sobre el sector ha pesado tradicionalmente un cierto complejo de inferioridad que ha impedido levantar la voz con argumentos convincentes para desmontar tanta patraña como se difunde.
Afortunadamente el escenario, aunque de manera lenta, va cambiando. Se está saliendo del silencio para hablar y hacerlo sin complejos, con la fuerza de la realidad y no de la ficción propagada, con datos fidedignos que son incontestables.
En ésa tarea, y entre otros, se viene significando Pepe Vall, presidente de ANESAR, que en los foros donde intervienen políticos y cuando acude a las llamadas de los medios informativos no se corta un pelo, no se arruga y llama a las cosas por su nombre. Sin perderse en rodeos y cantando las cuarenta.
Lo último protagonizado por Vall en ésta su defensa reflexiva y acertada sobre el papel de los salones la hemos tenido con la entrevista que le hicieron en COPE-Aragón. Los establecimientos del subsector se han visto sometidos a unas campañas de desprestigio sin precedentes auspiciadas por los partidos políticos de extrema izquierda y secundada por grupos ciudadanos afines. Y en éste campo Vall viene librando una batalla dialéctica en la que pone negro sobre blanco la radiografía de los salones, su aportación a las arcas públicas, sus medidas en materia de prevención, sus inversiones para hacer de sus locales lugares seguros y abiertos aun ocio tranquilo y sin problemas.
Decía Vall, cargado de razones, «que los salones no son parte del problema, si no todo lo contrario, parte de la solución.» Y en ése sentido ANESAR se viene distinguiendo de manera sobresaliente por transmitir una imagen del salón como espacio social que merece idéntico tratamiento que cualquier otro espacio dedicado a la diversión pública. Así de clarito.















